Al escuchar el alboroto, una enfermera irrumpió en la habitación. Al ver a Senna convulsionando violentamente, con las muñecas ensangrentadas, gritó de inmediato:
—¡Senna, cálmate! ¡Si sigues así, tendrás un aborto!
Senna se quedó paralizada. Sus ojos enrojecidos se abrieron de par en par al mirar a la enfermera. Su voz, ronca como la de un anciano al borde de la muerte, tembló:
—¿Qué… acabas de decir?
—Estabas inconsciente cuando te admitieron. Los médicos descubrieron que ya tienes cuatro sem