El señor Harrison se hizo a un lado mientras su exesposa permanecía de pie en la entrada del lujoso dormitorio.
—No me voy a quedar en la misma habitación en la que solías dormir con Beatrice —declaró ella, con postura firme.
—¿Te importa eso? —Su expresión austera se acompañó de una ceja levantada que denotaba un ligero desdén.
—Te pasaste años acostándote con ella aquí. Justine lanzó una mirada de desprecio a la cama king size.
Sus ojos recorrieron cada detalle, sin darse cuenta de que todo seguía exactamente como ella lo había decorado.
Una amargura se apoderó de él al darse cuenta de que aquellos muebles de estilo Luis XV con patas curvas, elegidos por ella, aún conservaban rastros de una historia que él prefería enterrar. Los recuerdos del pasado parecían aflorar en cada rincón, arrastrando emociones que él luchaba por reprimir.
Durante años, tras su separación, evitó entrar en esa habitación. Beatrice insistió en usarla, argumentando que no era más que un espacio físico, pero pa