Las ruedas del lujoso vehículo rodaban por la calle, alejándose del hospital, mientras el Sr. Harrison intentaba ordenar sus pensamientos. A su lado, la Sra. Laura luchaba por calmar a Bryan, cuyos gritos desgarradores causaban una aguda incomodidad en el pecho de Kevin.
El niño estaba agotado y asustado. Sus repetidas súplicas por su madre conmovían a Kevin cada vez que las oía. No sabía qué decir.
«Quiero a mi mamá», suplicaba la pequeña voz entre sollozos.
«Ahora mismo está ocupada, cariño», murmuró Laura, tocando suavemente el brazo del niño para calmarlo. «El señor Harrison la encontrará».
«No, quiero irme. Quiero a mi mamá», seguía llorando Bryan.
Kevin cerró los ojos por un momento y se pasó la mano por la cara. El sonido del llanto de su hijo se mezclaba con el zumbido del motor, creando una atmósfera sofocante.
Respirando hondo, Kevin luchó por mantener la compostura. El dolor en los sollozos de Bryan empujó a Kevin a tomar una decisión inesperada.
«Vuelva al hospital». Su vo