Mundo ficciónIniciar sesiónEsa noche, el salón de fiestas del hotel estaba iluminado como un cuento de hadas. Kevin estaba en una esquina, observando la escena con una mirada distante. Parecía estar allí, pero su mente estaba lejos, vagando por un laberinto de pensamientos inquietos. La visión de su novia emocionada no parecía tocar su corazón con la intensidad que debería.
Beatrice se acercó a él, radiante con un impresionante vestido de novia, la sonrisa en su rostro sincera y llena de expectativas. Sin embargo, el brillo en los ojos de Kevin estaba ausente, como si una nube oscura flotara sobre él. —¿Estás bien, querido? —preguntó Beatrice, poniendo su palma sobre la de Kevin, sacándolo de su trance. Kevin la miró, tratando de esconder la turbulencia interior, y luego sonrió, una sonrisa que parecía más forzada que genuina. —¡Sí! —afirmó con firmeza. —¿Por qué? —Pareces distante. —Retiró su mano y lo miró con preocupación. —Relájate, hoy es un día especial. No había forma de que Kevin pudiera relajarse después de haber encontrado a su ex. El encuentro con su exesposa y el ruego desesperado de Justine martillaban en su mente. Parte de él quería salvar al niño, pero su rabia profunda exigía venganza contra la mujer que lo había traicionado. —¡Disculpa! —interrumpió Kevin el momento, levantándose de la mesa y dejando a Beatrice con una mirada perpleja. —¿Adónde vas? —preguntó ella, mirándolo en busca de una respuesta. —Ya vuelvo. —Salió apresurado sin mirar atrás. Kevin hizo un gesto para que su asistente lo siguiera. Tan pronto como llegaron a un rincón más apartado, lejos de las miradas curiosas de los invitados, Kevin se volvió hacia Alessandro con una expresión seria. —¿En qué puedo ayudarle, señor? —preguntó Alessandro con preocupación. —Averigua en qué hospital está el niño —ordenó Kevin, con tono firme que no admitía discusión. —Pero, señor... —dudó Alessandro. —Haz lo que te digo —gruñó Kevin, apretando los dientes. —¿Sabes el nombre del niño? —Es Bryan —recordó claramente que Justine había mencionado el nombre del niño. —¡No sabemos su apellido, señor! —protestó Alessandro. —¿Eres tonto? —La furia reverberó en su voz. —Justine debe haberle dado su apellido... —Buscaré a Bryan Delacroix, señor. —El asistente aceptó, algo sorprendido por la importancia que su jefe le daba al hijo de Justine. —Quiero la información en media hora —ordenó Kevin, metiendo las manos en los bolsillos. —¡Sí, señor! —Con renuencia, Alessandro se apresuró a cumplir la orden. Esa noche, Alessandro hizo todo lo posible para informarle a Beatrice sobre el regreso de la ex de su jefe, pero ella estaba tan entretenida con los invitados en la cena de ensayo que apenas habló con él esa noche. Mientras tanto, Beatrice estaba tan inmersa en la celebración, coordinando los últimos detalles e interactuando con los invitados, que no notó el comportamiento extraño de Kevin. Su entusiasmo contrastaba fuertemente con la preocupación y el tormento que atormentaban a su prometido. Cuando Kevin regresó al salón, se enderezó en su traje de boda. El traje, bien confeccionado, le parecía de alguna manera aún más opresivo. Entró al salón con la postura erguida y la mente pesada, su atención dividida entre la inminente ceremonia y la angustiante situación relacionada con el hijo de Justine. En su elegante vestido blanco de seda, Beatrice desfiló graciosamente por el salón hasta acercarse a su novio. —¡Es hora de las fotos, querido! —dijo discretamente, sonriendo. Kevin ajustó su postura y se puso a su lado. El contraste entre la alegría de la novia y la melancolía de Kevin era casi palpable. Cada destello de las cámaras parecía capturar no solo la belleza del momento, sino la sombra de un recuerdo que Kevin no podía olvidar. No podía dejar de pensar en su boda con Justine años atrás. Su corazón había estado a punto de estallar de felicidad esa noche. Por mucho que intentara alejarse del pasado, Justine quedaba grabada para siempre en su memoria. El amor, la traición y la incertidumbre sobre el futuro de un posible hijo. Las dudas y emociones encontradas eran una carga que no podía simplemente ignorar. La noche continuó, y aunque el salón estaba lleno de alegría y celebración, el corazón de Kevin estaba en otro lugar, luchando con un dilema interno que podría cambiar el rumbo de su vida para siempre. ❛ ━━━━・❪ ❁ ❫ ・━━━❜ San Raffaele Gruppo San Donato Hospital, Milán. En la unidad de cuidados intensivos, la mujer angustiada se sentó junto a la cama de su hijo. Su cabello rubio oscuro rozaba su rostro empapado en lágrimas, mientras sus ojos ámbar miraban las marcas moradas y cortes en el rostro del pequeño Bryan. Era doloroso ver a su hijo acostado, débil e inmóvil en esa cama. Todo el equipo médico seguía buscando la sangre rara para la transfusión del niño. Silenciosamente, Justine tocó el brazo enyesado del niño. A Bryan le gustaba jugar al fútbol y siempre se rompía algo cuando jugaba al balón en casa. En ese momento tan angustiante, todo lo que le quedaba era la fe de que una buena persona donaría sangre y salvaría al pequeño Bryan. —¡Señora Delacroix! —llamó el doctor. —¡Sí! —Justine secó su rostro con las palmas de las manos. —¡Encontramos un donante! —dijo el doctor con una sonrisa contenida. —¿De verdad? —preguntó, levantándose. Justine apenas podía creer lo que oía. —Sí —aseguró el pediatra. —El donante ya está realizando todas las pruebas y pronto estará listo para la extracción de sangre. Suspirando aliviada, Justine miró a su hijo dormido y luego se volvió hacia el doctor. —¡Muchísimas gracias, doctor! —dijo Justine, sonriendo. Estaba de espaldas a la puerta mientras agradecía al doctor y no notó que alguien había aparecido en el umbral. —Agradezca al donante de sangre. —El doctor habló, señalando al hombre alto que estaba congelado en la puerta. Cuando giró sobre sus talones, su rostro se congeló. Un nudo en su garganta le impidió hablar. ¿Por qué había decidido dar un paso atrás en su decisión? La pregunta le surgió mientras miraba unos ojos tan azules como el cielo en una mañana soleada.






