Mundo ficciónIniciar sesiónEl tiempo en un hospital no se mide en minutos ni en horas. Se mide en latidos que no se escuchan, en puertas que se abren y se cierran, y en la cantidad de café frío que un estómago vacío puede tolerar antes de rebelarse.
La sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital St. Thomas estaba sumida en una penumbra silenciosa, rota solo por el zumbido de las máquinas expendedoras en el pasillo. Eran las cuatro de la madrugada. El mundo e







