24. Arresto domiciliario
24. Arresto domiciliario
Dos días pasan con una lentitud que desespera a Elise.
Kristian prácticamente no la deja salir de la habitación del hotel. Cada intento suyo por cruzar la puerta termina con una mirada severa, una excusa médica o una orden disfrazada de preocupación y él devolviéndola a la habitación. Elise sabe que, objetivamente, debería estar agradecida: está herida, perdió sangre, necesita reposo. Pero su paciencia no es infinita.
Así que se refugia en lo que siempre ha sido su escape.
Su laptop.
Navega sin prisa hasta entrar en la web roja. Apenas lo hace, aparecen las notificaciones. Como siempre, hay discusiones abiertas, problemas técnicos, dilemas éticos que para ella son casi infantiles. Sonríe con la comisura de los labios y comienza a leer.
“El algoritmo de rastreo sigue fallando, no detecta patrones encriptados de tercera capa —escribe alguien con el alias de Cuervo Negro”
Elise resopla y empieza a escribir.
“Están buscando donde no es. El fallo no está en la capa