Al día siguiente, Sofía llegó a la oficina.
Apenas se instaló en su escritorio, sintió que desde el lugar de Carmen le llegaban miradas furtivas, casi constantes.
Sofía esbozó una sonrisa casi imperceptible.
Encendió la computadora y se sentó con aparente naturalidad, fingiendo no percibir las miradas que venían de aquel lado.
Carmen respiró aliviada.
Estaba revisando los archivos de la memoria USB; eran todas las propuestas elaboradas por Sofía.
«Espérate, Sofía. En cuanto modifique un poco est