Se dirigió a su padre.
—No he hecho nada. Y no pienso hacer nada. Solo estoy cansado de estar de pie.
—Ah, ¿sí?
Aunque su padre hablaba con calma, su tono era tan indiferente que mantenía a cualquiera a raya.
Al final, Daniel cedió. Asintió.
—Sí, papá. No voy a ir a ningún lado. Me voy a quedar en mi cuarto, no te preocupes.
—Así me gusta. Tienes que entender que todo lo que hacemos tu madre y yo es por tu bien. Y en cuanto a las mujeres… si llegas a tener éxito, ¿crees que te van a faltar? ¿Cre