Al salir de la residencia de los Mendoza, Laura apenas dudó un segundo antes de pedir un taxi y darle la dirección del hotel más lujoso de la ciudad.
Frente al imponente edificio, se dirigió a la recepción y, sin pensarlo, reservó la suite presidencial por diez noches.
De cualquier manera, Daniel pagaría la cuenta, así que no sentía ni una pizca de remordimiento por el gasto.
Calculaba que, para cuando se hubiera instalado cómodamente en el hotel, él ya estaría buscándola.
Tenía los tiempos bien