La ambigüedad de sus palabras bastó para despertar el interés de los presentes. Todos miraban ahora a Alejandro con una mezcla de curiosidad y picardía.
A la asistente, sin embargo, algo no le cuadraba. El comentario de aquel hombre le pareció extrañamente calculado. Con una frase así, insinuaba todo lo que pudo haber ocurrido en la oficina sin decir nada explícito.
Antes de que pudiera alcanzarlo para aclarar sus dudas, Alejandro ya había bajado por el elevador. Al final, la asistente tuvo que