Alejandro no dijo nada, simplemente se acercó a Sofía con lentitud.
Para cuando ella se dio cuenta de que algo no estaba bien, ya la había acorralado entre su cuerpo y la silla del escritorio.
Estaba atrapada, sin tener a dónde ir. Se sentía completamente a su merced.
Sofía apoyó una mano en el pecho de Alejandro para frenarlo.
—¿Qué crees que haces? Estamos en la oficina, no se te ocurra hacer una locura.
Él le tomó la muñeca. Su mano envolvió por completo la de ella, resaltando lo delicada que