—No te preocupes. Te juro que no voy a decepcionar a Sofía.
Marcela se bajó del carro y se alejó dando brinquitos.
En cuanto se fue, el interior del carro quedó en completo silencio. Estar los dos solos, y más con la situación que habían vivido últimamente, hacía inevitable que el ambiente se sintiera un poco tenso e incómodo.
Alejandro intentó romper el hielo.
—Ejem… Como ya no hay nadie atrás, ¿no quieres pasarte aquí adelante, al asiento del copiloto?
—No, muchas gracias. Estoy bien aquí.
Sof