Al escuchar eso, Sofía sintió una puñalada en el corazón.
Levantó la cabeza bruscamente hacia Lorena, con una expresión de absoluta incredulidad en sus hermosos ojos.
«¿Entonces ya empezaron a hartarse de mí?», pensó. «¿Creen que soy una inútil?»
Su madre ignoró por completo la incredulidad en su mirada.
En ese momento, se había convertido en una seria amenaza para la imagen y la reputación de la compañía. Incluso si no se mostraba severa, los accionistas de la empresa la acabarían destituyendo.