No se imaginaba que así era Daniel como gerente en la empresa.
Solo tenía que estar sentado en la oficina y le llevaban propuestas y documentos; él solo los revisaba.
Al ver esto, Laura no pudo evitar alzar una ceja.
«Y yo que pensaba que Daniel era tan capaz».
A veces hasta dudaba de su propio gusto y criterio. ¿En serio ella había elegido a ese tipo?
Además de su estatus, ¿qué más tenía de bueno?
Daniel la vio parada en la puerta con el termo, se enderezó y, tratando de sonar serio, le dijo:
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