Raúl observaba a Alejandro y no podía evitar sentirse perplejo. Era la primera vez que veía a su jefe en ese estado fuera de la oficina, y la situación lo incomodaba profundamente. El Alejandro que conocía era siempre sereno, imponente y ambicioso, una persona que jamás dejaba traslucir sus emociones. «¿Será por Sofía esta vez también?», se preguntó.
—Jefe, ya tomó mucho, ¿qué tal si paramos por hoy?
El asistente se armó de valor para intentar persuadir a Alejandro de que dejara la bebida.
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