Desde la fiesta de cumpleaños de Lorena, él ya se había dado cuenta de que Sofía, esa hermana, no era ninguna muchachita dulce.
Y hoy, al escucharla hablar así delante de tanta gente, no hacía más que confirmar sus sospechas.
Pero a Sofía aquello no pareció afectarle en lo más mínimo. Esbozó una sonrisa amable y dijo:
—Ay, hermanita, exageras.
—No creo que me estuviera coqueteando. Hace un momento vi que también andaba detrás de ti. Siempre ha sido un mujeriego, eso es todo.
Valeria palideció. S