Pero ya no obtendría su respuesta; los de seguridad ya se lo estaban llevando a rastras.
Mientras se lo llevaban, Daniel seguía gritando:
—¡No, Sofía, sé que no es cierto! ¡Todavía sientes algo por mí!
—¡Si te quedas con ese tipo, te aseguro que no serás feliz! ¡Te vas a arrepentir!
La voz del sujeto resonaba en los oídos de Sofía, persistente.
Ella arrugó la frente, sintiendo una punzada de fastidio.
Alejandro la rodeó por los hombros, tranquilizándola con suavidad:
—Ya, tranquila. No vale la p