Capítulo treinta y uno. Irrevocablemente a sus pies
Irrevocablemente a sus pies
Las manos de Carolina temblaron, ni siquiera se animaba a tomar el papel entre sus dedos, ella dudó, antes de recordar que esto es lo que tenía que hacer, sin importar lo difícil que resultara, sin importar que estuviese muriendo de miedo.
—Acuerdo matrimonial —susurró cogiéndolo del piso.
Carolina ordenó el desastre que había ocasionado, cogió el folder y salió de la oficina de Diego. La asistente no se atrevía a marcar el número de Sofía de Montecarlo, no quería ha