Capítulo setenta y ocho. ¿Qué puede ir mal?
¿Qué puede ir mal?
El gemido que salió de los labios de Paula fue los buenos días que Arturo estaba buscando conseguir de su esposa.
—¿Qué haces? —preguntó Paula sintiendo un ligero cosquilleo en su cuello y espalda.
—¿Qué es lo que imaginas que estoy haciendo? —preguntó el hombre en tono ronco y apasionado.
—Arturo…
El magnate no respondió con palabras, su respuesta fue demostrativa. Bajó sus labios al hombro de Paula y fue dejando un sendero de besos por ellos, mientras sus dedos recorrían