Capítulo cincuenta y ocho. Promesas
Promesas
Carolina sintió el calor extenderse por su cuerpo, sus mejillas se pintaron de rojo carmesí al sentir los labios de Diego sobre los suyos.
—Déjame entrar —susurró Diego, había pasado tanto tiempo desde que probara aquellos labios que un roce no era suficiente.
—Diego… —el hombre aprovechó ese momento para callarla con su boca para internarse en ella, no fue un beso pasional como le hubiese gustado, pero lo corto que fue no quitó la sensación de cosquilleo de los labios y el cuerpo de