CAPÍTULO TREINTA:
Don Pablo Strondda
Menos mal que Camila aceptó venir conmigo a esta cena. Odio a esas chicas descaradas e interesadas que no paran de lanzarse encima de mí; a veces las evito y otras las pillo en algún rincón, solo para que me dejen en paz. Ni siquiera me había sentado y Miriam ya se me había echado encima, sin importarle lo más mínimo que Camila estuviera en la mesa.
Hoy nuestras conversaciones van mejor y aún no nos hemos peleado, así que todo va bien, pero después