CAPÍTULO VEINTINUEVE
Camila Fernandez
Me acerqué a su coche, con cuidado de no mancharme el vestido, y él, al igual que Augusto, me abrió la puerta. Puedo decir que estoy emocionada, porque hasta ahora solo he estado encerrada aquí, y me apetece mucho despejarme un poco la mente.
No sé nada de Italia; lo poco que vi, apenas lo observé bien, pues fue el día de la huida y de mi regreso a esta casa, que fue muy extraño y sombrío para mí.
Don Pablo iba al volante y yo en el asiento del c