—Ha sido mi culpa —Ryan me interrumpió diciendo las palabras que yo debía decir—. No debí haber estado ahí —dijo mientras hurgaba en el bolsillo de su pantalón—. Pero esa golpiza fue lo mejor que me pudo pasar —agregó, sacando la pequeña bolsa con droga. La apretó en el puño con fuerza, miró el puño durante unos segundos, frunció los labios; sus mejillas estaban rojas. Abrió la ventanilla y arrojó la pequeña bolsa.
—Entonces... estoy feliz de que te hayan dado esa paliza —tal vez era mejor así.