PERSECUSIÓN
El auto negro apareció en el carril de al lado, desplazándose con una agresividad que me puso en alerta inmediata. En cuanto noté que comenzaba a acercarse demasiado por mi derecha, instintivamente giré el volante para apartarme. La presión de mis manos sobre el volante era tal que los nudillos se me pusieron blancos. Sentí el sudor correr por mi espalda y un nudo se formó en mi estómago. Intenté ver el rostro del conductor pero los vidrios eran polarizados, solo conseguí ver el reflejo de mi pr