La mansión Vandervert se alzaba ante mí, imponente como siempre, pero esta vez el aire que la rodeaba estaba impregnado de algo diferente. Algo más denso. El sol se estaba poniendo, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rojizos, y con él, los recuerdos comenzaron a regresar, pesados y ruidosos, como si las paredes mismas de la mansión quisieran hablarme. Cada paso que daba me regresaba a un pasado que no podía deshacer, a una historia que seguía escribiéndose sin importar cuán lejos tratara d