En la penumbra de la cabaña, me encuentro sumida en mis pensamientos, la lluvia golpeando el tejado como un latido ansioso. Me siento atrapada entre dos mundos: el de la mujer que he sido y el de la que anhelo ser. Pero de pronto, es como si un espítu que cohabita mi cuerpo saliera de él, es una mujer con cicatrices en el rostro, el cabello despeinado, los ojos rodeados de ojeras, hacía tanto que no veía ese rostro en el reflejo del espejo, es Sarah, la parte de mí que ha permanecido oculta, e