Cristhian
Nunca supe cómo manejar mis emociones. Siempre me había resultado más fácil construir una muralla entre el mundo y yo, un escudo de frialdad que me permitía mantenerme a distancia de lo que realmente importaba. Pero ahora, mientras conducía sin rumbo por las calles vacías, sintiendo la angustia aplastante en mi pecho, me preguntaba si ese muro se había hecho añicos.
Elena había llamado, una vez más. Durante semanas, había ignorado sus intentos de comunicarse, pero esa tarde, mientras