Sarah
Nunca imaginé que el dolor pudiera ser tan agudo, tan presente en cada respiración. Pero ahí estaba, en la habitación de Zacky, jugando con él, sintiéndome tan aliviada como nunca antes. Había hecho lo que temía desde que regresé: decirle la verdad. Zacky había aceptado todo con una dulzura inquebrantable, sin preguntas, sin reproches, solo con una alegría pura de niño que creía que todo iba a estar bien, como si la vida, de alguna forma, decidiera darle un respiro a este caos que ha sido