Elena
No soy buena pidiendo perdón, pero aquí estaba, atrapada en esta habitación de hospital fría y estéril, donde el olor a desinfectante me hacía querer vomitar. La luz blanca iluminaba cada rincón, resaltando las imperfecciones de mi piel, y el ruido monótono de las máquinas me recordaba que estaba viva. Pero la verdad era que me sentía más muerta que nunca. Miré a Cristhian, parado junto a la ventana, con su mirada perdida en el horizonte. Era como un hermoso desastre, y yo estaba ahí, disp