Devon
Los primeros días después de que regresamos del hospital fueron un caos hermoso.
La casa parecía respirar distinto. Había llanto a cualquier hora, el olor constante a leche tibia, mantas por todas partes y una energía que oscilaba entre el agotamiento absoluto y una felicidad que me apretaba el pecho.
Sarah se movía con una fragilidad que todavía me asustaba un poco. No porque estuviera débil, sino porque su cuerpo acababa de atravesar algo enorme. Tres vidas habían salido de ella. Tres p