La tarde terminó de enfriarse antes de que Clara y Leonardo llegaran al jardín.
Había sido una de esas jornadas donde la mansión respiraba sin grandes crisis. Nicolás había venido y se había ido, la sesión de preguntas había salido mejor de lo esperado, Emilio no había llamado desde la mañana y la casa tenía esa calma extraña de los días sin urgencias, cuando la ausencia de conflicto resulta casi más difícil de habitar que el conflicto mismo.
Clara bajó a buscar el suéter que había dejado en la