Clara despertó con la chaqueta en su campo de visión.
Estaba exactamente donde la había dejado la noche anterior: doblada sobre el respaldo de la silla junto al escritorio, con una pulcritud que parecía más involuntaria que deliberada. La había acomodado sin pensar demasiado, con ese gesto automático de quien sabe que hasta el desorden puede delatar algo. Y esa noche, después del jardín, Clara ya había dejado demasiadas cosas sin nombre como para permitir que una chaqueta tirada sobre la cama di