El auto llegó a la mansión pasadas las once y media.
Clara no habló durante el trayecto. Leonardo tampoco. El corredor de salida de la gala los había dejado dentro de un armisticio frágil, de esos que se sostienen mientras nadie se atreve a nombrarlos. Afuera, la ciudad avanzaba detrás del cristal con su indiferencia nocturna: luces, movimiento, personas que no sabían nada de ellos y no necesitaban saberlo.
Dentro del auto, en cambio, el silencio tenía cuerpo.
Clara aún sentía en la mano el rec