Fue Elena quien lo notó primero.
No lo dijo. Elena llevaba demasiados años en la mansión Moretti para decir las cosas que observaba. Pero Clara lo vio en el modo en que Elena servía el café por las noches, siempre para dos tazas aunque nadie lo hubiera pedido, y en cómo reorganizaba los asientos del salón pequeño cuando sabía que Leonardo iba a llegar tarde de una reunión: colocaba una lámpara encendida, un libro sobre la mesa y ese orden silencioso de alguien que prepara el espacio para que qui