La silla estaba en la primera fila, junto al atril.
Pegada casi a la base del panel donde colgaba la fotografía enmarcada de Isabela. Una silla con una tarjeta apoyada en el respaldo: Clara Rivas, hermana. Como si ser hermana fuera suficiente para definir su lugar en el mundo. Como si ese lugar, incluso en un salón preparado por otras personas, necesitara existir en relación con otra.
Clara leyó la tarjeta.
La dejó sobre el asiento.
Tomó la silla con ambas manos y la desplazó un metro hacia el