La invitación de Celeste llegó por escrito.
Papel grueso, color marfil, letra impresa con esa elegancia que usan los eventos que no quieren parecer lo que son. El sobre apareció sobre la mesilla del desayuno el martes por la mañana, entre la prensa del día y el café que Elena había dejado antes de que Clara bajara.
Dentro, una tarjeta.
Reunión de la fundación Mujeres de Voz, jueves a las seis, salón privado del Hotel Alcántara.
Y abajo, con letra a mano de Celeste, una línea añadida como si el