La caja llegó a la habitación azul mientras Clara desayunaba.
Elena la dejó sobre la silla del rincón con la discreción habitual y no dijo nada sobre el remitente porque no había remitente. Solo papel de seda blanco, una cinta dorada y la clase de envoltorio que anunciaba intención antes de que nadie abriera nada.
Clara terminó el café y fue a verla.
Adentro había un vestido.
Azul marino, largo hasta los tobillos, con escote recto y un bordado de hilo plateado en el borde inferior. Elegante, si