El almuerzo de los miércoles con Regina era, según su madre, una tradición familiar.
Ninguna de las dos lo había llamado así antes de la boda. Pero desde que Clara vivía en la mansión Moretti, Regina había aparecido tres miércoles seguidos con puntualidad de reloj y una agenda que nunca se decía en voz alta pero siempre se ejecutaba: revisar cómo estaba su hija, medir el terreno y recordarle con sutileza sostenida que la familia Rivas seguía existiendo y que Clara le debía algo por eso.
Ese mié