Leonardo llamó a Regina esa misma tarde.
Clara no lo supo de inmediato. Lo supo al día siguiente, cuando Elena, con esa discreción que era también una forma de lealtad, mencionó de pasada que el señor Leonardo había hecho una llamada larga justo después de que los Rivas salieron, y que había cerrado la puerta del despacho con una firmeza que el personal reconocía como señal de que nadie debía interrumpir.
Clara dejó el libro que estaba leyendo sobre el escritorio.
No preguntó más.
No necesitó h