Emilio llegó al desayuno con el periódico doblado y la mirada de quien ya sabe lo que el día va a contener antes de que empiece.
Clara lo notó desde la puerta del comedor. Había aprendido a leer ese gesto: el periódico era un escudo, no un objeto de información. Emilio ya había recibido sus noticias antes de las siete; el papel en la mano solo le daba algo que sostener mientras decidía cuánto revelar.
Leonardo entró dos minutos después.
Su expresión era distinta a la de la noche anterior. Habían