La firma de Regina siguió en la cabeza de Clara hasta la medianoche.
No era el dato en sí lo que no la dejaba dormir. Era la forma en que había llegado: de manos de Mateo, en una carpeta que él había retenido cuatro días, entregada delante de Leonardo como si la presencia de testigos le diera un valor diferente al que habría tenido si se lo decía a solas.
Mateo administraba la información como quien tiene un mercado privado. Le daba a cada comprador exactamente lo que podía pagar en ese moment