La maleta que Clara sacó del armario era pequeña, gris, con una ruedita que chirriaba levemente contra el suelo de madera.
No tenía nada de dramática. Era la que usaba para viajes de trabajo, con compartimentos organizados para no gastar tiempo buscando cosas cuando el tiempo era lo que más faltaba. La había usado en tres o cuatro viajes en los últimos años, siempre con la eficiencia de quien sabía exactamente qué necesitaba llevar y no añadía cosas por si acaso.
Empezó a llenarla el viernes por