Cathleen condujo su coche por las concurridas calles de Manhattan. Lo único que deseaba era que lloviera. Nunca había tenido un caso en Manhattan, y desde que la gente oyó hablar de una abogada famosa, había querido contratarla para sus propios casos. Contratar a Cathleen no era barato. Nunca había perdido un caso, ni uno solo. Este caso judicial fue difícil, pero para ella, fue más bien su debut en Manhattan, que pronto se convertiría en su lugar de recreo.
Cathleen tenía reglas sobre lo que i