Saquen a estos dos idiotas de mi vista.
"Lo siento, no podré decirle nada", dijo el doctor, y Xavier apretó la mandíbula al ver que el doctor respondía a su mirada ceñuda con un encogimiento de hombros a modo de disculpa. El blanco estéril de la habitación pareció cerrarse, un contraste burlón con los oscuros pensamientos que nublaban su mente. El doctor continuó, ajeno a la tormenta que se avecinaba en el interior de Xavier: "Cathleen parece una mujer casada, y solo puedo hablar con su marido o su familia, no con amigos".
Las palabr