El corazón de Olivia latía con fuerza de alegría y emoción, haciéndola saltar como una niña despreocupada. Sin embargo, su júbilo duró poco, pues las palabras de Xavier la golpearon como una roca enorme, llevándola al borde de un precipicio.
"¡No me divorciaré de mi esposa, padre! La amo y la estoy conociendo." Esta simple declaración fue suficiente para que Olivia corriera y se arrojara al mar. El peso de sus palabras amenazó con empujarla al borde de un oscuro abismo de incertidumbre y miedo.