El cuerpo de Cathleen temblaba de ira mientras apretaba los dientes, con el amargo sabor de la traición aún en la lengua. Siempre se había sentido como una forastera en su propia familia, constantemente ignorada y maltratada por su madrastra y hermanastra. Pero fue la aceptación pasiva de su padre lo que alimentó su rabia. Durante años, se mantuvo al margen mientras su esposa e hija la destrozaban. Y ahora, Cathleen ya no podía soportarlo más; quería romper con ellas y cortar las raíces tóxicas