Sentada allí, sus dedos temblaban al apretarlos con fuerza, su cuerpo se estremecía con una furia hirviente que amenazaba con consumirla. El pensamiento de la traición de Finn inundó su mente como un río embravecido, llenándola de un ardiente deseo de venganza. Juró hacerlo sufrir, convertir su matrimonio, antes prometedor, en un infierno. Respiró hondo, se recompuso y esperó a que la llamaran fuera de la habitación, lista para desatar su furia sobre él.
La puerta se abrió de golpe, haciendo qu