21 de febrero de 1721
Hoy me he caído del lomo de Dorothy. No sé cómo ha pasado, porque ni siquiera estoy tan segura de lo que vi. Pero lo que sí sé, es que mi Dorothy jamás me hubiera lanzado por el aire si algo no la hubiera alterado. Ella nunca lo hizo antes, siquiera cuando mi padre me la regaló y era una yegua joven sin amansar.
El asunto es que decidí cabalgar esta mañana a lo largo del camino para carruajes, porque extrañaba las laderas del Norte y el viento agitando mi pelo. Todo ocur