Afuera se había desatado una verdadera nevada, pero a Alecksander no le importó mientras iba por Regina al lugar donde le habían indicado.
Su sangre hervía por la necesidad de venganza y su cuerpo temblaba por la impotencia de haber escuchado a su mujer tan asustada. Había sido su error ceder a sus insistencias de salir libremente de la mansión, pero se aseguraría que eso no pasara otra vez mientras las cosas no estuvieran controladas.
Ella era su vida, y ahora también sus hijos, y los enemigo