Alecksander escuchó el suave llanto de Regina en la oscuridad de la habitación. Le dolía verla sufrir y sentir esas emociones decaídas a través del vínculo. Se acercó a ella en la cama y la abrazó por detrás. Ella se volteó y se acomodó bien entre sus brazos.
—Me duele —dijo llorosa.
—Lo sé, mi amor. Era tu padre —le acarició la espalda como forma de consuelo—. ¿Quisieras hacer algo para conmemorarlo?
—No. No realmente. Sé que tengo que salir adelante, sacar adelante a Leyla.
Alecksander asint